8/09/2007

presentación


presenta

martes 14 de agosto/ 19:30 hs



M ovimientos incorpóreos, Nurit Kasztelan

¿Con quién dormías?, Guadalupe Muro

Un rastrojero bajo el sol, Gustavo Gottfried

Del coyote al correcaminos, Osvaldo Bossi

Soliloquios, Beatriz Vignoli

_____________________________________________________________________________ C.C.C.
Av. Corrientes 1543
(sala Raúl González Tunón)


lectura & brindis

5/22/2007

NOCHES DE INVIERNO ALÓGENO







¦¦ A ¦¦


¦¦ NOCHES DE INVIERNO ALÓGENO ¦¦


la Estación Alógena entra en letargo activo:
ciclo de charlas en la Ea


sábados de junio y julio
a las 19:30hs.
Bonpland 1183
a 120m. de Bonpland y Av. Córdoba
entrada: $20
(incluye infusiones y repostería allogen)
informes:
eal@abaconet.com.ar




Sábado 9 de Junio


¦¦ LA SOMBRA DE MICHEL FOUCAULT: HERCULINE BARBIN Y LAUTRÉMONT ¦¦

por
Roberto Echavarren

El descubrimiento de las Memorias de Herculine Barbin, el hermafrodita del siglo XIX, y su edición por Michel Foucault (1978 en francés, 1980 en inglés) motivaron una vuelta de tuerca en el pensamiento de este último. A partir de entonces Foucault deja de examinar los regímenes de disciplinamiento y pasa a interrogarse acerca de la conciencia moral, que lo llevará a redescubrir el cuidado de sí en los griegos del siglo V a.c. Por mi parte, comparo y contrasto las Memorias de Herculine con los Cantos de Lautréamont (Isidore Ducasse). Estrictos contemporáneos, ambos pasaron sus últimos años en París, muriendo allí casi al mismo tiempo. La problemática de género en las Memorias es en algunos puntos equivalente a la problemática de los Cantos,
aunque las respuestas difieran. Las declaraciones de Foucault en alguna entrevista acerca de su propia experiencia de placer intensivo, expresan un ethos similar al de Lautréamont.




Sábado 16 de Junio

¦¦ BAJO EL BRILLO DE LAS VEGAS: NUEVA PARTIDA EN EL CLUB FLAMINGO ¦¦

por
Lucio Arrillaga




Con esta original indagación táctica, estratégica y fantástica del inaprensible azar, el Prof. Jack invita a participar del misterioso y cautivante mundo del juego, abriendo la partida en la mesa donde poetas y filósofos distribuyen desigualmente sus apuestas.
Una vez más la jugada comportará el riesgo necesario: volcando sobre el paño la casi totalidad de sus fichas, uno de sus discípulos buscará tanto el pase ganador como la combinación fatal a partir de una proyección de secuencias prácticas y teóricas en torno a los temas que tanto han inquietado a su enigmático maestro: los juegos, su historia, sus reglas y estrategias; los sistemas; los métodos infalibles; el cálculo de probabilidades y sus límites: el hecho atómico y el infinito; posibles e imposibles moradas del azar; la trampa como función y la disfunción ontológica de la fortuna.




Sábado 23 de Junio


¦¦ LA FULGENCIA VERTICANTE:
Metafísica de la Intensidad y Lengua de los Horneros
en Macedonio Fernández ¦¦ 1

por
Juan Salzano



“La Intensidad es la categoría mística”. “Yo no doy personajes locos, doy lectura loca”.
“(...) la única Literatura o Prosa artística (...) es la que tiende no al realismo sino a irrealizar al Hombre y al Cosmos”.
Siguiendo los agujeros que abren estas tres citas de Macedonio (y subidos al vehículo-mapa de “Poema de trabajos de estudio de las estéticas de la siesta”), se explora una alianza heterogénea entre la Lengua de los Pájaros del esoterismo (“que balbucea o habla en lengua bárbara”, según el alquimista Fulcanelli) y lo que llamaremos Lengua de los Horneros (lengua aérea de caverna y horno alquímico): una escritura, la de Macedonio, que por vía indirecta de siesta y trance dispone su Oído a las crepitaciones preformales y procesuales de la naturaleza contra natura (porque la siesta del anthropos es la vigilia de la natura naturans).
Crepitaciones y reverberaciones que, por un golpe de luz o fuego, fluidifican los cuerpos y los arrastran junto al lenguaje hacia una extraña y diagonal Intelección de la Intensidad. Porque, como dice Macedonio en nuestro vehículo-mapa: “Hay que hacerle arte al místico”.
1 Esta charla se complementa con la del Sábado 21 de Julio: La lengua de los pájaros, por Elina Khar.




Sábado 30 de Junio




¦¦ HIPER REDONDEZ: LECTURA Y ESCRITURA EN MEMORIA RAM ¦¦
por
Romina Freschi


La idea es instalar un espacio y conversar en ese espacio a través de distintas lecturas y escrituras que configuran para mí el redondo, rebotante y obeso experimento de obrar y comprender.
Planeo exponer y proyectar imágenes, leer y dejar transparentar mis lecturas insistentes.
La (ins)piración es para mí el camino que abre la percepción, el punto del darme cuenta, aprendizaje y puerta de un nuevo recorrido.
Hiper redondez es una instalación, una lectura y una charla para poner en escena un laberinto al revés, un desandar el camino que desnuda la escritura propia como el intento desmedido de despliegue de otro brillo que deslumbra.
Autores posibles a recorrer: aira copi girondo di giorgio kafka bretón bejerman perlongher kubrick echavarren nakar deleuze wilde mallarmé bustos fazzolari aisenberg morrison tzara zola zabala rorschach basho kogan lacan et plus.
Adelantos de las charlas de los
Sábados 14, 21 y 28 de Julio:




Sábado 14 de Julio
¦¦ LA CALLE MANDELSTAM ¦¦

por
Walter Cassara


¿Qué calle es ésta? / La calle Mandelstam. / ¡Qué endiablado apellido! / No consigues olvidarlo. / Suena retorcido, extraño.
Como el angelus novus de Walter Benjamin, con un pie en el pasado y otro en el futuro, soportando sobre sus alas el frío huracanado de la Historia, Ossip Mandelstam (1891-¿1938?) escribió sus últimos y mejores poemas en el destierro siberiano, con una vendetta de Stalin pendiendo de su cuello.
Al igual que T. S. Eliot, su contemporáneo y opuesto, fue un lector obsesivo y un imitador festivo del Dante. De ahí que sus poemas sean una extraña mezcla de clasicismo y futurismo, o mejor dicho: de poesía de la gleba y el diseño ultraliviano del ala de un avión.
A partir de la obra y el derrotero biográfico de este gran poeta ruso, que vivió y padeció de prima facie ese prolífico vendaval de ideas y acontecimientos que estalló en los años inmediatos a la revolución de octubre de 1917, nos proponemos discutir sobre algunas cuestiones como procedimientos y contenidos, apariencia estética y universo moral, clasicismo y revolución, la música de Skriabin, el rumor del tiempo, las raras nieblas del Neva, la peletería, la real política y la poesía realista, etc.




Sábado 21 de Julio
¦¦ LA LENGUA DE LOS PÁJAROS ¦¦

por
Elina Khar


Exageremos: no encontramos un solo itinerario extático, del más codificado al más abierto, que no implique una súbita proliferación de rúbricas y señales que parpadean al ras y entre los árboles. En la brizna, en el barro, en la liebre, hay particlos, signos que nictilan. La cerrada adoración al Libro (semejanza o reflejo) se trastoca en cultos al seguimiento de las grammas, mientras esas grammas se van tornando gramilla en las manos de quien las rota, rotula, pasto para una digestión que devolverá un grimorio, un argot, una lengua de los pájaros, un gaviot, trobar clus, glosolalias. “Señales, flechas, signos, jaculatorias: el arte de lanzar pequeños dardos verbales” (Libertella).
“El nombre y la cosa se basan en la permutación de la forma por la luz, fuego o espíritu; al menos éste es el sentido que indica La Lengua de los Pájaros” (Jean-Julien Champagne).
Comparamos la disposición de un grimorio, patois o langue vert, a una diagramática de interacciones signos-materia-espíritus, gracias a la cual el signo siempre se encuentra desbordado por la materia que lo agita e irriga. Libro-puerta (Libro de las Mutaciones) con el que sueñan su internación en la selva los niños que no leen ni duermen.




Sábado 28 de Julio




¦¦ LA ALQUIMIA DESCUBIERTA POR SUS IMAGENES ¦¦

por
Gabriel P. Naude


"No hay diferencia entre la vida eterna, la restauración de la caída y la busqueda de la Piedra Filosofal." Jacob Boehme.
El estudio y desarrollo del Ars Magna está principalmente transmitido por via oral, de maestro a discípulo, pero muchos de los más encumbrados Hermanos del Arte han dejado a manera de legado una gran cantidad de información sin abandonar el silencio y el secreto. Para ello escribieron frondosas páginas llenas de señales para recorrer el camino al Arcanum Arcanorum.
La mayor cantidad de información alquímica se ha dejado en forma de emblemas que nos hablan en múltiples alegorías y símbolos geométricos, zoomórficos, fitomórficos, antropomórficos, mitológicos, místicos y qabalísticos.
Los descubriremos en un viaje a través de las imágenes de las obras de Valentin, Khunrath, Hollandus, Charnock, Mylius, Stolcius, Maier, Tritemius, Manget, Ercker, Kircher, Flamel, entre otros.
*Las imagenes que se expondrán son parte de la colecciones privadas de G. P. N.


4/30/2007

Huesos de jibia



Como el calamar, el pulpo o el argonauta, la "jibia" ( sepia offcinallis) es un tipo de molusco que pertenece a la familia de los cefalópodos. Tiene un cuerpo alargado u ovoide, con repliegues natatorios en la piel; cabeza grande y bien diferenciada del cuerpo; ojos redondos de mirada fija; boca formada por dos mandíbulas córneas, parecidas al pico de un ave de rapiña, rodeada de tentáculos provistos con ventosas de una extraordinaria fuerza muscular. Posee un saco que expele una tinta negra, ligeramente rojiza, que sirve para enturbiar el agua cuando el animal se siente amenazado. Además, tiene un pieza caliza o "hueso" central —muy rico en calcio—parecido a la punta de una flecha o la suela de una zapatilla, que suele usarse para afilar el pico de canarios, loros y otras aves ornamentales.

Según escribe Ricardo H. Herrera en el prólogo a su traducción de Montale, el enunciado ossi di seppia "en principio, apela a una dimensión doméstica, ya que la seppia es en Italia un molusco comestible tan conocido como lo es entre nosotros el calamar; luego la paradoja de llamar "hueso" a algo que es flexible y traslúcido como una pluma cartilaginosa, para nada óseo (reveladora paradoja que se pierde en castellano, porque la palabra "jibia" remite al lector directamente al diccionario, ya que para la imaginación de quien lo ignora, el vocablo sugiere una alusión a un animal antediluviano provisto de una abultada joroba, sin la menor relación con la gastronomía doméstica)". También la expresión puede pensarse como una metáfora de la poesía misma, entendida no sólo como una actividad creadora del lenguaje sino como una condición de la existencia, tal y como lo dice el propio Montale en "Riberas": "Oh entonces zarandeados/como un hueso de jibia por las olas,/ desvanecerse poco a poco,/volverse un árbol arrugado o una piedra…"

A medio camino de la leyenda y la realidad, la poesía es hoy en día un animal familiar y antiquísimo para esa "inmensa minoría" (según palabras de Juan Ramón Jiménez) que son sus lectores. Como la "jibia gigante" que quitaba el sueño a los marineros, la poesía yace en lo más profundo del océano, asediada por tiburones y densos cardúmenes fosforescentes. En la era de la "modernidad líquida", donde todo se diluye bajo el sigo cambiante del libre mercado, hay pues que bucear muy hondo —entre las callosas grietas de la oferta cultural— para encontrase cara a cara con este "náufrago viviente".

Huesos de jibia es un sello editorial independiente que quiere favorecer la difusión de un material literario "raro" o excluido de los grandes lobbys, en ediciones artesanales, económicamente asequibles y con un llamativo diseño a nivel gráfico. El catálogo se abre con un homenaje a Eugenio Montale en una traducción de Ricardo H. Herrera que presenta una serie orgánica de veintidós poemas (los ossi di seppia propiamente dichos) que constituyen el capítulo medular del libro homónimo del conocido poeta italiano. El segundo cuaderno de la colección es Máquina de trinar. Los próximos títulos de Huesos de jibia que se estarán lanzando para marzo-abril del 2007 son, entre otros: ¿Con quién dormías? de Guadalupe Muro, Del coyote al correcaminos de Osvaldo Bossi, Las auroras de otoño de Wallace Stevens (en versión de Roberto Echavarren), y Soliloquios de Beatriz Vignoli.
Por ahora, el furgón de la distribuidora, ha pasado por las siguientes librerías:

Espacio prometeo (Malabia 1720)
Bestiario (Estados Unidos 488)
La internacional argentina (Honduras 5270)
Fedro (Carlos Calvo 578)
Crack-up (Costa Rica 4787)
De La Mancha (Av. Corrientes 1888)
Librería Julio Cortázar (Av. Corrientes 1543)
Librería Norte (Av. Las Heras 2225)
Clásica y Moderna (Callao 892)
Librería Rayuela (Tristán Narvaja 1535, Montevideo-Uruguay)

4/29/2007

Una puerta doble

Seis años después

Hacía tanto de la vida juntos que ya
el dos de enero caía de vuelta un martes
haciendo que la ceja de ella, asombrada, se alzara
como un limpiaparabrisas en la lluvia,
para que su tristeza empañada se fuera, y mostrase
el camino despejado que esperaba delante.

Hacía tanto de la vida juntos que una vez
empezó a nevar, parecía interminable;
por temor a que los copos la obligaran a cerrar
los párpados, los atajé con la mano, ellos
simulando no creer en aquella devoción de ojos,
me golpetearon la palma como mariposas.

Se había vuelto tan ajena toda novedad
que los enredos del sueño avergonzarían
cualquier hondura que el analista extrajese;
cuando mis labios soplaron la vela,
los suyos, aleteando desde mi hombro, buscaron
unirse a los míos, sin pensarlo siquiera.

Hacía tanto de la vida juntos que aquellas
rosas de papel hechas jirones ya no estaban,
y un bosque entero de abedules había crecido
junto a la pared, y de pura casualidad teníamos dinero,
y como lenguas sobre el mar, por treinta días,
el atardecer amenazó a Turquía con su furia.

Hacía tanto de la vida juntos, sin libros,
sillas ni enseres –sólo aquella vieja cama-
que el triángulo, antes de surgir,
había sido una perpendicular, la cabeza
de algún conocido cerniéndose sobre
dos puntos que se habían fusionado por amor.

Hacía tanto de la vida juntos que ella
y yo, con nuestras sombras unidas, habíamos compuesto
una puerta doble, una puerta que, aun si nos perdíamos
en el trabajo o el descanso, siempre estaba cerrada:
de algún modo sus hojas se abrieron y cruzamos
hacia al futuro, hacia la noche.

Six Years Later

So long had life together been that now
the second of January fell again
on Tuesday, making her astonished brow
lift like a windshield wiper in the rain,
so that her misty sadness cleared, and showed
a cloudless distance waiting up the road.

So long had life together been that once
the snow began to fall, it seemed unending;
that, lest the flakes should make her eyelids wince,
I’d shield them with my hand, and they, pretending
not to believe that cherishing of eyes,
would beat against my palm like butterflies.

So alien had all novelty become
that sleep’s entanglements would put to shame
whatever depths the analysts might plumb;
that when my lips blew out the candle flame,
her lips, fluttering from my shoulder, sought
to join my own, without another thought.

So long had life together been that all
that tattered brood of papered roses went,
and a whole birch grove grew upon the wall,
and we had money, by some accident,
and tonguelike on the sea, for thirty days,
the sunset threatened Turkey with its blaze.

So long had life together been without
books, chairs, utensils –only that ancient bed-
that the triangle, before it came about,
had been a perpendicular, the head
of some acquaintance hovering above
two points which had been coalesced by love.

So long had life together been that she
and I, with our joint shadows, had composed
a double door, a door which, even if we
were lost in work or sleep, was always closed:
somehow its halves were split and we went right
through them into the future, into night.

Joseph Brodsky (versión de Daniela Camozzi)

4/15/2007

Sobre poesía argentina de los 90

A menudo sorprende cómo la crítica literaria, para explicar la evolución de la literatura, se maneja con variables tan complicadas y universales como “épocas” o “generaciones”, olvidando --o quizás esquivando en pos de una imaginaria certidumbre histórica-- que cualquier época, aún la menos fosilizada en el tiempo, puede compendiarse en un relámpago de epifanía accidental, y que las generaciones pasan como tormentas de verano, dejando tan sólo unos pocos y anhelantes nombres escritos en el agua.

Esos nombres que a su hora se bañaron y chisporrotearon en la propia piscina bautismal, fueron y serán siempre, básicamente— ¿hace falta recordarlo?—las voces insidiosas de veinte o treinta amotinados que izaron a grito limpio el pabellón soleado de la actualidad. De acuerdo, pongámonos de pie y admiremos de buena gana la audacia de esta compañía de inagotables mercenarios copernicanos, su necesidad de saldar las cuentas con el pasado, su encantadora habilidad para el complot tanto como su imaginación para inventar un futuro que los reconozca, pero convengamos también que allí donde la crítica espera darnos a leer su rigurosa “novela histórica” no hay tal vez más que un viejo y estridente folletín de capa y espada, o a lo sumo la hora y media de una espumante nouvelle vague que trata sobre conjuras y mezquinos chanchullos para derrocar un antiguo delfinado e instaurar otro.

Se diría que es la broma colosal de algún esnobista traspapelado en el túnel del tiempo, pero lo más representativo, lo mejor de una época nunca se manifiesta en simultáneo con el presente, sino que llega siempre diferido, con algún adelanto o retraso cronométrico. Si pensamos el presente como un punto absoluto o infinito donde confluyen y difieren a la vez el pasado y el porvenir, entonces deberíamos también pensar la “contemporaneidad” como una condición imaginaria capaz de conjugar ambos momentos y definir así un nuevo estado de cosas en la cultura y en la lengua. El problema es que a cada generación se le concede un plazo cada vez más abreviado de existencia. Digamos, sin exagerar, que hoy por hoy contamos a duras apenas con veinticuatro horas--lo que no es poco comparado con la aceleración del panorama venidero-- para descubrir y establecer nuestro legado poético. Sin embargo, el polvo no termina de asentarse sobre los libros que ya la crítica se abalanza con su plumero a limpiar y archivar todo en un conjunto presuntamente homogéneo, como una esmerada viuda parnasiana que acicala el cadáver todavía tibio del joven poeta. ¿Pediremos entonces distinción o precisión en el tiro de dados? ¿Vamos a reprocharnos las triquiñuelas, los sobornos y compromisos adquiridos por conveniencia, las estratégicas coaliciones… todo eso, en fin, que podríamos llamar el pacto fáustico que cada generación teje y desteje con sus inmediatos predecesores para franquear el umbral incierto de la posteridad? Pacto que siempre reclama más y más sangre fresca, y que nuestra generación, por estar unos minutos en la cresta de la ola, se apresuró a pagar a un precio quizás demasiado alto.

Si en otros tiempos había más paladines que epígonos, y la pregunta del poeta era por la eternidad, actualmente –parece—sólo cuentan los momentos en que repiquetea la comparsa en el foyer, y la pregunta es ¿cuánto falta para que termine este sainete? En tal sentido, las últimas promociones literarias, reunidas no para los actos sino para los entreactos, como un aglutinado poco homogéneo de operatorias cortesanas, resultaron infalibles. Al igual que otras generaciones, tal vez nos juramos en secreto encontrar la fórmula de la rosa de cobre, aunque enseguida nos aburrimos de eso y nos pusimos a criar loros que parlotean en la jerga rancia del veterinario.Vale decir, en el fondo, ¿no estaríamos discutiendo tan sólo un viejo problema de perspectiva, un trucaje de legañoso trompe-l’oeil?

Cierta crítica sociologizada nos hace creer y formular “tal es el contexto preciso, el indispensable y gran escenario histórico en que se inscribe la poesía argentina de ahora”, cuando en realidad nos está mostrando unas luminarias de cartón pintado. Luego vemos cardúmenes y parejas de hermosos pececitos de colores allí donde no hay más que una concurrencia viscosa. Pero admitamos de una vez por todas que en la piel de nonato de las últimas generaciones nuestros predecesores grabaron a fuego sus diez mandamientos mientras nosotros no veíamos nada o simplemente hacíamos la vista gorda. Así lo que en la actualidad algunos críticos apelotonan bajo el fantasioso rótulo de “generación del 90” no resulta más que la distensión redundante de un debate que se dio en la poesía argentina de los años ’60, y lo que ayer nomás era unos cuantos no, hoy vuelve a ponerse en escena mayoritariamente bajo la especie de unos cuantos neo: derivaciones de un cansino neo-minimalismo, derrames no menos rezagados del neo-barroco o paquitas clonadas de alguna tía sáfica.

Si es verdad que fuimos una generación, los que empezamos a publicar alrededor de los 90, fuimos una generación sacada de la manga, con algunos --fatales-- rasgos en común y algunos apóstoles o mandaderos a la page, pero sin mayor fundamento histórico que una causa y una guerra heredadas de nuestros mayores. Así (¡cosa de locos!) libramos una batalla cuerpo a cuerpo contra un adversario al que jamás le vimos la cara. Y en eso, en el cotejo con antagonismos y viejas dicotomías que nos endosaron, nos hicimos fuertes y conformamos una pequeña república cooperativa, ya que no colectiva. Al igual que el perro de Álvaro de Campos, fuimos admitidos en el consorcio sólo por ser “inofensivos”, aunque algunos a veces pudiéramos confundir, como es lógico, la cerámica del palier con el pasto de la plaza, y muy en el fondo supiéramos que el consorcio no albergaba detrás de su fachada sino un gran basurero global donde hedía el cadáver de la lírica desde hacía por lo menos un siglo. Pero ¿por cuánto tiempo más vamos a seguir velando o cortejando como zombis a una muerta de la que ni siquiera sabemos el nombre? Una muerta que podría haber dicho con Pasolini “tutto el mundo é il mio corpo insepolto”, si sus ávidos y presuntos deudos la hubieran dejado palmar en paz, porque enseguida le colocaron la tapa, se adjudicaron sus títulos y rifaron entre los pobres las últimas pilchas.Por más vaciado o viciado que nos parezca el panorama, la poesía exige en este momento el mismo derecho a la experiencia que hace cien años. A lo mejor todavía estamos a tiempo de tirar por la ventana todo lo que nos soplaron sobre la lírica y avizorar por fin cuál es nuestro propio horizonte en el transcurso de la historia.

Después de todos los fuegos de artificio, después de tanta transa y varieté, habría que empezar a buscar la respiración acumulada del “paideuma”, como pensaba Pound; hundir las manos en las capas más sedimentadas de la tradición universal para volver a poner en circulación aquellas metáforas y aquellos materiales que todavía siguen en vigencia y son propios de la poesía de todos los tiempos. Un poeta ruso quizás menos prepotente, Ossip Mandelstam, aunque con un destino igual de trágico, había llegado a la misma conclusión que el viejo tío Ez, cuando sostenía, leyendo a Dante, que la poesía es capaz de leer y actualizar en un solo golpe sincrónico el contenido más relevante de la historia.

El problema, lo sé, es que vivimos en un período en que toda visión heroica de la poesía ha quedado replegada irremediablemente en un pasado jurásico y no hay forma de cruzar ese hiato sin quebrarse la cabeza. Pero esto a lo mejor no es tan así, y lo que consideramos un hiato de explosión volcánica que nos separa de los “grandes maestros” no sea sino un hilito de agua magnificado en los ojos de un niño que recién aprende a leer poesía.Me doy cuenta que he recargado un poco las tintas, quizás promoviendo una polémica allí donde se afinaba en verdad un melodioso grupo de familia; quizás todo esto no tiene ningún fundamento y yo sólo discuto con mi oruga. Lo que pasa es que estuve leyendo El poema y su doble, el libro de crítica que acaba de publicar Anahí Mallol y hay allí una historia contada entre líneas que de algún modo, con razón o sin ella, lateral o centralmente, me concierne. Sea como fuere, algunos poetas que nombra Anahí ya no somos tan jóvenes; casi sin darnos cuenta hemos cruzado la línea de sombra y es el momento –como diría Conrad—de tomar ciertas inaplazables decisiones. Algunos más inteligentes o seguros de sí mismos, ya las habrán tomado. Otros seguirán raspando de la olla, creyendo que llevan una vida favorecida por los dioses. Y otros, como siempre, correrán a refugiarse bajo el brillo oxidado de su aurea mediocritas. Yo he preferido no quedarme en el molde y dar, aún corriendo el riesgo de equivocarme, mi propia versión de los hechos.Dice Robert Frost: “la poesía joven es el aliento de los labios agrietados. La boca debe descubrir el modo de mantenerse firme sin endurecerse.” Como ese punto de distensión implica un delicado equilibrio interno y una edad mental que no siempre coincide con las apariencias, lo primero que un poeta joven inventa es su contemporaneidad --aunque después, el resto de su vida, se lo pase en tratar de evadirse de ella.

Lo que hay que procurarse ahora no son más sucedáneos sino un antídoto contra la juventud eterna, porque nuestra modesta contemporaneidad está ya sobre su fecha de vencimiento y empiezan a notarse las cicatrices, los clisés, los estragos y estrabismos que acarrea el tiempo. En este sentido, pese a hilvanar sus hebras críticas sobre una trama de repeticiones y diferencias, El poema y su doble es un libro que no bizquea en absoluto. Por el contrario, enfoca de lleno la pregunta por ese estatuto de duplicidad o ambigüedad (“anfibología”, “retruécanos” diría algún lingüista desalmado) del discurso poético, ya que aquí cada texto se dice en su desdoblamiento, cada imaginario viene plegado en sus múltiples dobladillos de lectura, así como cada poeta se enfrenta al espejo que le tienden sus precursores. Por este camino, adentrándose en los sinuosos jardines del pasado y también en el radiante kinder de la más vecina contemporaneidad, Mallol traza un laberinto de heredades y primicias, de parentescos y diferencias; un laberinto cuyo minotauro es en verdad una matrioska articulada por Alejandra Pizarnik, puesto que –como afirma sugestivamente Anahí --“¿quién no tuvo un affaire con Alejandra Pizarnik? Una relación intensa, a la vez breve y duradera. Porque lo que la poética de Pizarnik propone es del orden de la intensidad, y porque la brevedad, que también juega del lado de lo intenso, juega del lado del no-olvido. De una relación de lectura así puede extraerse una especie de matriz”.Quisiera destacar en este fragmento, a modo de conclusión, el sentido pleno que carga la palabra “affaire”, el delicado reverbero erótico o amoroso que adquiere de pronto al final de la frase, y es el mismo quizás con que Mallol se acerca a cada uno de los poemas comentados en este libro, ya sea para hacerles una reverencia, un gesto amigable o un guiño pícaro. Con ello intento señalar que la crítica de poesía, al menos tal y como la entiende Anahí --y en esto no hay desacuerdo posible-- no puede estar sino en relación al orden de las pasiones y los afectos, ligada invariablemente a la órbita pulsional de esos encuentros breves y fulminantes. Como alegoría de estos asuntos que duran una noche pero dejan marcas para toda la vida, como el recorrido en clave de una pasión amorosa, El poema y su doble, si algo no escatima (y no podría hacerlo, ya que es su fundamento mismo) es aquello que Barthes llamaba “el cultivo de las afecciones”, y que lleva a plantearnos una y otra vez, en contra de todo presunto rigor académico, al frente de cada texto que elegimos para comentar o delante de aquellos otros que se nos imponen por la presión del contexto: “¿Dónde estoy yo entre los deseos? ¿Dónde estoy yo en cuanto al deseo?” Así, con esta autointerpelación que ningún amante de la poesía puede sortear sin dificultades, el discurso crítico compone, concluye Barthes, “día tras día, un texto ardiente, mágico, que no terminará nunca, imagen brillante del Libro liberado.”

Con sus intuiciones amatorias y su comprensión retrospectiva, El poema y su doble es un libro que debe ser leído quizás como fue escrito, bajo los efectos de una noche agitada, y en el primer descenso de las aguas, cuando la tierra (o la cama) todavía está demasiado resbalosa, con todos los riesgos, desacuerdos y problemas que ello implica; un libro que viene a refrescar un panorama (el de la poesía argentina de los ’90) que parecía prematura y definitivamente anquilosado en el espíritu de la época, y que por lo mismo liberará, en los antros más propicios de la crítica, algunas tensiones reprimidas, ya que se trata de separar, aunque sea injustamente, la paja del trigo y enfocar nada menos que la poesía; es decir, enfocar aquello que escapa a la razón y el gusto predominantes, y camina siempre unos cuantos pasos delante de nosotros.

2/21/2007

ESCRITURAS MARGINALES


TALLER DE NARRATIVA Y POESÍA

coordinado por Lola Arias y Walter Cassara



Se trata de un taller de escritura, abordado desde un mínimo recorte
conceptual: el margen como traza, indicio, pliegue desde el cual se
complotan ciertas prácticas de estilo, ciertas genealogías bizarras y
modos minoritarios de acceso al texto. Se trata de ver, a través de
cada uno de estos outsiders, cómo en los márgenes, los extrarradios
de un sistema, un estilo se invenciona a contrapelo, por mínimos
desplazamientos o raptos; lo escrito sólo atiende a un modo original
de decir, ni diestro, ni eficaz ni bello.


Técnicas de novela corta: abordaremos algunos autores que trabajaron el
género desde una perspectiva latinoamericana, es decir: entre barroca,
surrealista y dostoiewskiana: J. C. Onetti, Roberto Bolaño, Mario Bellatín, Cabrera Infante, Felisberto Hernandez, Virgilio Piñera, entre otros.

Prácticas poéticas (diarios y poemas en prosa): nos proponemos hacer un recorrido intensivo de este género híbrido a partir de autores clásicos como Rimbaud, Kafka y Lewis Carrol,
para llegar a Ana Cristina Cesar, Marosa Di Girgio,
K. Mansfield, O. Lamborghini, entre otros.




///
El trabajo consta de una primer parte de lectura y análisis de los
textos de los autores propuestos; y una segunda parte de discusión y
corrección de los materiales producidos
por los participantes del taller.



Horario

Miércoles de 19.30 a 22.00 hs.

Comienzo: 7 de marzo.

Costo: $100 por mes.

Lugar: Maure y Luis María Campos.



Comunicarse

via mail
lolaarias@gmail.com





///
Walter Cassara Cursó estudios de literatura y filosofía en la UBA.
Es poeta, narrador y crítico. Colaboró en "Radar libros" (Página/12) y
el suplemento cultural de "La Nación", además de otras publicaciones
del medio como "Diario de poesía" o "Hablar de poesía". Coordina
talleres de escritura en el centro cultural Ricardo Rojas.
Publicó Juegos Apolíneos, El paseo del ciclista, Rígida Nieve
(relatos) y Máquina de trinar.

///
Lola Arias Es escritora, actriz y directora. Estudió Letras en la UBA,
Dramaturgia en la EAD y teatro con Ricardo Bartís y Pompeyo Audivert.
Escribió obras como "El amor es un francotirador", ¨ Poses para
dormir", "Estudios de la memoria amorosa", "La escuálida familia" y
realizó otros montajes como actriz y directora. También participó de
residencias artísticas en Londres (Royal Court Theatre) , en Madrid
(Casa de América) y en Marsella (Montevideo). Tiene publicado un
libro de poesía "Las impúdicas en el paraíso", una obra de teatro y
algunos relatos en revistas.

11/04/2006

Calibán

Como un murciélago entre las mariposas,
arrastrándose con el pico abierto hasta tus pies,
vestigios de la carne desdoblada y sola,
y la bífida saliva de tus labios brotando en negras canciones.
Todo animal de la fosa embellece a quien lo ama,
nivela los cielos y la tierra: quiero ser tu esclavo
para librarme de esta isla que envenenó Sycorax.
No hay espejos en esta isla, apenas un fuego
tibio y pacífico al que no puedo acercarme,
alrededor de las llamas revolotean los amantes
como encendidas cotorras.
Mi único consuelo es la adversidad.


Nadie alcanza a reconocer su rostro en el mío;
el mar y la selva sólo son estados pasajeros
de una mente que se piensa en el final; herida
se esconde entre alimañas, libros, parásitos...
y una mente esforzada en dominar un pantano
no puede reflejarnos; sólo estos pasos que nadie oye ,
siluetas borrosas detrás del cristal
y caricias que me despiertan en mitad de la noche
con la opresión de la luna creciendo sobre los árboles.


Hay algo en mi torpe cerebro
que nunca se aquieta, restos de luminosa podredumbre
cuando presiento o veo otros cuerpos emergidos
en la orilla como en un mundo aparte; los bordes
de mis aletas despiden un jugo rancio;
antes de que pueda decir cualquier cosa
mi lengua se enrosca a las raíces heladas.
¿Cómo es ser en esta hora sin destello?


Se oye en soledad la mayor disonancia,
una ola enmudece frente a la incongruencia de las aguas,
el animal venciendo a su contrario.
No hay forma de saber qué somos:
como una corteza derribada en el torbellino
la piel se escinde de su significado
y adonde me arrastre llevo su peso en mis espaldas.

No lo nombro, ni siquiera intento justificarlo
pero a veces enfermo de eso que me tiene ocupado
en rehacer mi vida cada mañana.
Ahí está el ojo furioso del cazador
calibrando la mira; dentro de su margen
es dentro de la conciencia: enfrentar la propia línea
y en el amor a solas retorcerse hasta morir.